domingo, 10 de febrero de 2013

Efectividad y Constructivismo Pedagógico: Una Mirada al Ayer y Hoy

 Si bien son muchas las personas que han pasado por las manos del sistema público de enseñanza-aprendizaje, que rige el Departamento de Educación de Puerto Rico; pocas han reparado en analizar el enfoque o tipo de educación con el que se les formó. Es ahí donde radica la pertinencia y relevancia de este análisis-escrito; teniendo como marco referencial: mi propia experiencia, respecto a la educación formal que recibí desde la elemental hasta la universidad. Y en adición, como marco teórico: los siete (7) principios de una enseñanza efectiva desarrollados por Chickering y Ehrmann (1996); así como los cinco (5) principios del salón constructivista desarrollados por Brooks y Brooks (1999).
Existencialmente, mi transcurrir como estudiante por el sistema educativo público, incluyendo el superior universitario, en términos generales, ha sido uno ecléctico: de enfoque bancario o instructivo, así como constructivista. Desde la elemental hasta la universidad, he tenido maestrxs y profesorxs que han llevado como estandarte de la praxis educativa uno de estos dos enfoques. Una parte de la docencia concebía la educación como el proceso de depositar ciertos contenidos en ese objeto inactivo que tiene que ‘llegar a ser algo’ (porque no es nadie aún), memorizando y repitiendo, como una letanía tales contenidos. Además, dichos contenidos, eran verdades únicas e inamovibles como predica(ba) la sociología funcionalista. A diferencia de ese hecho pedagógico, la otra parte, concebía la educación como un proceso de enseñanza-aprendizaje, dinámico, cooperativo, participativo e interactivo; en el que no solo lxs maestrxs y profesorxs tenían en sus manos el saber, sino que el y la estudiante tenia igual importancia en el proceso educativo.
Ahora bien, en cuanto al uso de la tecnología moderna o contemporánea para lograr una enseñanza-aprendizaje efectiva dentro del aula y el plantel escolar; el panorama no fue uno muy alentador que digamos, considerando el uso de la tecnología como algo indispensable para el cumplimiento de dicho objetivo. Aquí hago la salvedad, como ya he expresado anteriormente; la tecnología contemporánea no es indispensable para el proceso de enseñanza-aprendizaje: concuerdo con que los pedagogos y las pedagogas reconozcan el poder educativo que proveen las herramientas tecnológicas contemporáneas, y desarrollen técnicas de enseñanza-aprendizaje que se sirvan de tales herramientas; pero de igual forma entiendo, las mismas no resuelven las problemáticas medulares que perviven en el seno mismo del sistema de educación hegemónico. (Alicea, 2013). Toda persona que se precie como profesional en pedagogía, debe tener claro ese hecho; la educación no son las herramientas, sino lo que hay detrás de ellas. Por tal razón, afirmo que con o sin tecnología lxs educarxs pueden hacer del salón de clases uno efectivo y constructivista, de forma crítica y reflexionadamente; tal como lo hicieron algunxs de mis maestrxs y profesorxs.
La primera tecnología educativa (electrónica) que utilicé fue una computadora en segundo grado, con la Sra. Rivas (maestra de español por título I), a la que por cierto le rogué para que me dejara ser parte de ese grupo 'privilegiado' al que le permitían salir del salón regular de la Sra. Otero, a hacer uso de las computadoras que ‘enseñaban’ lo mismo pero con muñequitos y efectos especiales. Se imaginarán como me sentía utilizando aquel aparato casi más grande que yo, el cual sin importar cuantas veces le utilizara nunca se cansaba de darme tareas y felicitarme: ¡Muy bien! ¡Correcto! ¡Excelente!; así como también me mantenía a la expectativa, aumentando el nivel de dificultad. De la intermedia, no me acuerdo haber utilizado o ser enseñado por medio de un aparato tecnológico electrónico o cibernético, más allá de esas peculiares calculadoras en azul y rojo que proveía la Sra. Santiago en el curso de matemáticas y, algún microscopio electrónico en el curso de ciencias generales con la Sra. Cuilan o ciencias terrestres con el Sr. Montañez. Ya en la high, reestablecí mi relación con las computadoras, en este caso las de la biblioteca (para una que otra asignación, así como para hacer mi primera cuenta de yahoo, que por cierto nunca usé, por lo que olvidé la contraseña); y las del salón de química del Sr. Marrero, que utilizaba en clase para efectos del curso y fuera de ella para escribir un libro, teniendo su autorización hasta que daba la hora de cerrar la escuela. Además, también utilicé en la high los microscopios electrónicos de la Sr. Peña (maestra de biología); una que otra VHS en la clase de salud de la Sra. Cora y, esas calculadoras científicas que se conectan con la computadora para un sinfín de propósitos, en el curso del Sr. Marrero.
En cambio, la universidad proveyó una gama de recursos tecnológicos y cibernéticos que me ayudaron en mi formación académica. Entre estos aparatos están: los proyectores infocus, VHS, proyectores con diapositivas, computadoras con programas como Excel, Word, Power Point, Telnet e Internet para búsqueda en bases de datos, webCT, entre otros. Y cada uno de estos aparatos y recursos tecnológicos o cibernéticos fueron utilizados de forma general, bajo un enfoque constructivo y efectivo. A mi entender, es en la universidad cuando se explota por completo las posibilidades y oportunidades que ofrece la tecnología y el ciberespacio, para una educación formal de excelencia y calidad. Tanto así, que hasta para hacerse una defensa de la educación pública y la propia Universidad de Puerto Rico, se usó un sinfín de recursos tecnológicos y cibernéticos por parte del estudiantado y el profesorado; e incluso este último grupo reconoció lo vanguardista que fue el usar la Internet y las redes sociales para teles fines, de parte del estudiantado. Y es en la universidad, donde más se pervive la cooperación, participación e interacción intelectual, que nos ayuda a profundizar en temas más sociales y universales. Es en ella donde (generalmente hablando) el ser humano evoluciona y (re)voluciona mentalmente y socialmente, gracias al conocimiento que va construyéndose recíprocamente entre la comunidad universitaria; tanto por medio de la tecnología como sin ella. Es por tal razón, que considero mi experiencia universitaria como la más enriquecedora, pero hago esta salvedad: el momento más enriquecedor de mi formación académica universitaria ocurrió fuera de las aulas, dentro y fuera de la universidad; en ese proceso dialéctico y dialógico, de lucha y compañerismo solidario del 2009-2011, sin el uso indispensable de la tecnología. Dicho proceso fue uno activo, y sumamente efectivo, participativo, constructivo y democrático; en el que reforcé mi autodidactismo individual y solidario.
Como mencioné anteriormente en este escrito, mi transcurrir por el sistema educativo público, ha sido uno ecléctico: en el que lxs maestrxs y profesorxs praxiológicamente han utilizado el enfoque bancario o instructivo, así como el constructivista. Para el cumplimiento de los objetivos o principios de una enseñanza efectiva (Chickering y Ehrmann, 1996) y el salón constructivista (Brooks y Brooks, 1999); lxs maestrxs y profesorxs se sirvieron de la tecnología electrónica y cibernética en unos casos y en otros no. Más sin embargo, puedo afirmar con toda sinceridad, que lo más que ha primado en mi proceso de formación académica hasta el día de hoy, ha sido la efectividad y el constructivismo pedagógico.

Preparado por Freddy O. Alicea González, B.A, para la clase de EDPE3129 el 10 de febrero de 2013.

Referencias

Alicea, Freddy. (2013).  La Educación del Siglo 21. Ensayo para la clase de EDPE3129.

 

Sample text

Sample Text

Sample Text